dijous, 5 de maig de 2011

Día 1: Köln: chocolate, tiendas y policía.

Caminamos sin pausa pero con prisa por las calles peatonales más importantes de la ciudad. El Museo del chocolate cerraba en aproximadamente 1 hora... las tiendas que nos rodeaban podían esperar.

Al Pasar al lado de la Iglesia de Gross St Martin, y otras construcciones famosas nos detubimos unos segundos para dejar constancia fotográfica de su existencia, y en unos minutos llegamos a nuestro principal punto de referencia para encontrar el "Schokoladenmuseum" : el río RIN.



Es todo un señor río (o señorita si se es fan de Vocaloid). Según la wikipedia recorre unos 1230 kilómetros, que se dice pronto, y es bastante caudaloso. Desde nuestra posición veíamos varios puentes de hierro cruzandolo, algún que otro barco de mercancías o pasajeros, etc.. pero no nos desviemos de nuestro objetivo...

La Fabrica / Museo de chocolate Lindt esta en un edificio moderno de metal y cristal en una mini-isla artificial encima del río La estampa no tiene nada que ver con la de Willy Wonka.. pero eso no le quita encanto. Un bombón gigantesco marca el camino; entramos al edificio dibujando una sonrisa estúpida


En el hall unos camareros preparan unas mesas, mientras unos técnicos pasan cables por aquí y por allá, otros, mientras, hacen pruebas con unas cámaras Tras un par de "mira mama salgo por la tele!" (una de las cámaras estaba conectada a un proyector) decidimos ignorar todo ese tinglado y dirigirnos a la entrada del museo en si.

Por supuesto ibamos a pedir las entradas a precio de estudiante (con un ahorro más que significativo). Pero esta vez un hermoso e intrigante cartel nos instaba amablemente a enseñar un "carnet de estudiante" para conseguirlas. Miro mi cartera y saco mis mejores opciones: la Visa de la URV y el bono del Bus... me acerco con un compañero a la taquilla.

- Hello ! We are Students, yes, look, it says tarragona (señalando el bono del Bus), we are from Tarragona University.

La mujer sonríe, suelta un par de OK y nos da un tiquet y una chocolatina a cada uno. Estos alemanes son buena gente..


En la planta baja unas cuantas estancias nos van mostrando con diferentes montajes la procedencia de los ingredientes que acabaran formando parte del chocolatastico elemento. Podemos, por ejemplo, oler las diferentes especias que se añaden a la mezcla o resolver interesantes acertijos en alemán..

Pasado dicho recorrido llegamos a la fabrica en si, o más bien una versión bonita y simplificada de una de las múltiples fabricas que la marca tendrá por el país. Casi todo se hace de forma automática: varias maquinas hacen las mezclas, otra inyecta el dulce, liquido y espeso elemento en moldes que se transportan magneticamente, luego se vacían sobre cintas, se mueven de aquí allá para dejarlos reposar y finalmente se embala el producto final: una chocolatina como la que nos han dado en la entrada..


El proceso no es nada demasiado espectacular, pero ver el chocolate moverse arriba y abajo, derretirse y cojer forma tenia como un efecto hipnótico, a la par que provocaba unas ganas terribles de volcar uno de los tanques y ponerse a comer...

Por suerte los alemanes piensan en todo, y nada más girar la esquina una enorme fuente de chocolate, con una amable señorita armada de melindros nos esperaba aunque no daba más que 1 por persona, servia para "curar" las ansias.

Seguimos la visita por la 2a y 3a plantas. En ellas encontramos un taller de moldeado, diferentes juegos para niños y un recorrido por la historia del chocolate: desde el cacao de los mayas, hasta los primeros anuncios televisivos, pasando por el Kit Kat, la vaca de Milka, y las primeras maquinas expendedoras (de bolitas). Muy Chocolatastico todo.


Al salir, por supuesto, te encuentras de bruces con la tienda. Aunque esta vez lo correcto seria definirlo como un.. supermercado. Licor y cerveza de chocolate, Catedral DOM de chocolate, chocolate picante (compre una barrita para probar), Chocolate con cualquier forma y sabor imaginable... Todo de la marca Lindt, por supuesto.


Visitado todo lo visitable, pasamos el tiempo curioseando en las tiendas de las calles peatonales.
Las de ropa no eran muy diferentes (celio, zara, etc..) las de electrónica tenían algo más de variedad, pero nada del otro mundo. Había alguna tienda curiosa (como la típica de LEGO). Si tengo que destacar algo seria las librerías (con mangas ineditos y curiosos libros de frases en español), la variedad de DVD's y música y las diferencias de precios.


Cenamos en la estación de Trenes. La variedad gastronómica (en comida rápida) es impresionante en cualquier estación Alemana. Decidimos picar un poco de aquí y un poco de allá, empezando por un Frankfurt.

Y aquí vino la putada del viaje... dejé en el suelo una bolsa (no había espacio en las diminutas mesas) mientras comíamos de pié el producto cárnico Decidimos ir a continuación a un puesto de fideos chinos. Le pedí a un compañero que me devolviese la bolsa, pero su respuesta me dejo helado: "esta es la mía". En efecto, todos llevábamos la misma bolsa (la del Museo Lindt), la diferencia es que yo había guardado allí mi cámara (sin batería) y mi PSP. Por supuesto esta ya no estaba donde la dejé...


Como por probar no se pierde nada, después de interrogar al dueño del puesto de Frankfurts, fui a la comisaria de la estación y a la oficina de objetos perdidos a poner una denuncia; por ahí la tendrán, archivada... Poco se puede hacer en estos casos.

Al llegar al albergue algunos turistas veían una película, mientras otros se entretenían con juegos de mesa. Nosotros probamos un poco de todo, incluido el billar y comprobamos como incluso el agua de la maquina era con gas... Aún nos quedaba una ciudad que visitar, por lo que fuimos a la habitación a una hora mas o menos decente. "Saludamos" a nuestro silencioso amigo de origen desconocido y a dormir.